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Enfermedades de invierno: Bronquiolitis

La doctora Natalia Esquivel, Pediatra de Clínica Andes Salud El Loa, nos entrega conceptos básicos de esta infección, explicando síntomas, tratamientos y recomendaciones para los padres.

La bronquiolitis es una infección que afecta una parte de los pulmones denominada “bronquiolos”. Los bronquiolos son los pequeños conductos ramificados que transportan el aire que entra y sale de los pulmones. Cuando estas tuberías se infectan, se inflaman y se llenan de mucosidad, lo cual dificulta la respiración.

La bronquiolitis suele afectar a niños menores de 2 años y en la mayoría de ellos, esta enfermedad desaparece sola, pero en otros casos, es necesario consultar a un médico. La causa más común de la bronquiolitis es el virus llamado “virus sincicial respiratorio” o “VRS”.

Síntomas

Al respecto, la doctora Natalia Esquivel, pediatra de Clínica Andes Salud El Loa, puntualiza que esta infección comienza como un resfriado común. Los niños suelen presentar congestión o secreción nasal, tos leve, fiebre (temperatura superior a 38 ºC) y disminución del apetito. Sin embargo, la profesional comenta que mientras la bronquiolitis avanza, pueden aparecer otros síntomas, como lo es la respiración rápida o dificultad para respirar (en los bebés, la primera indicación puede ser una pausa en la respiración de más de 15 o 20 segundos), silbido al respirar (que por lo general dura aproximadamente 7 días), tos fuerte (que puede durar 14 días o más), dificultad para comer y beber (debido a los otros síntomas).

La especialista, comenta que en muchos casos no es necesario que el niño con bronquiolitis requiera más que la atención médica inicial, pero sí destaca que los padres deben prestar atención a ciertos síntomas importantes. Es por esto, que los padres deben acudir rápidamente al servicio de urgencias si su hijo:

  • Deja de respirar
  • Se pone azul (especialmente alrededor de los labios) o muy pálido
  • Tiene mucha dificultad para respirar (se le hunden las costillas)
  • Comienza a gemir
  • Parece cansarse a causa del esfuerzo que hace para respirar
  • Su hijo es menor de 3 meses y tiene fiebre (una temperatura superior a 38 ºC)

Además, Esquivel comenta que siempre deben consultar con su pediatra si tienen alguna pregunta o inquietud y agrega, “también deben acercarse a su pediatra si la piel y los músculos que están entre las costillas de su hijo o debajo de la caja torácica parecen hundidos; si las fosas nasales de su hijo se abren (se agrandan) cuando inspira; si su hijo es mayor de 3 meses y tiene fiebre (una temperatura superior a 38 ºC) durante más de 3 días o si su hijo utiliza menos pañales de lo habitual.”

Tratamiento

Los principales tratamientos para la bronquiolitis apuntan a garantizar que su hijo reciba suficiente oxígeno. “Para lograrlo, el médico o enfermero podría tener que succionar el moco de la nariz de su hijo o administrarle aire húmedo u oxígeno para respirar”, puntualiza la especialista.

Consejos para los padres

La pediatra, detalla que existen simples recomendaciones que pueden realizar los padres, ya sea si su hijo presenta bronquiolitis o desea prevenirla:

  • Procure que su hijo ingiera suficiente líquido.
  • Si su hijo está molesto por la fiebre, puede bajarla con medicinas de venta sin receta, como paracetamol o ibuprofeno. Nunca le dé aspirina a su hijo si es menor de 18 años.
  • Succione la mucosidad de la nariz de su hijo con un aspirador nasal (puede utilizar Rinokid o Fisiolimp para facilitar el aseo)
  • Si su hijo es mayor de 12 meses, adminístrele líquidos tibios para aliviar la garganta y ayudar a eliminar las mucosidades.
  • Coloque la cabeza de su hijo en posición vertical sobre almohadas. No use almohadas si el niño es menor de 12 meses.
  • Duerma en la misma habitación que su hijo para saber de inmediato si comienza a tener dificultad para respirar.
  • No permita que los fumadores estén cerca del niño.

Respecto a la prevención, la especialista expresa, “se puede disminuir las posibilidades de que su hijo se enferme de bronquiolitis si se lava las manos y lava las de su hijo frecuentemente con agua y jabón o con alcohol gel; manteniéndose lejos de otros adultos o niños enfermos y que tanto los padres como sus hijos se apliquen la vacuna contra la influenza todos los años.